Cuadro de texto: 	Lucas Jiménez  tiene musicalidad, tempo, solidez,... Comenzar con un tópico no es lo mejor para describir a un músico, pero puede resumir lo que se le supone a un profesional del ritmo: es como lo del valor en la mili. Así lo han visto, oído y disfrutado seguidores de muy diversas formaciones (Clandestinos, Doctor Blues, Los Paseadores, Oh, Well!, Vagón de Cola,...) y solistas (Gerard Quintana, Adrià Puntí, Lluís Llach, Lucrecia, Quimi Portet, Paul Fuster, Sergio Dalma, Carlos Segarra,...).

	Más importante es cómo refleja su personalidad en su labor musical. Y esto es más evidente cuando toca en directo, en un local pequeño, más relajado que en una gira y más cerca de quienes quedan irremediablemente fascinados por la potencia, diversidad y gusto con que el señor Jiménez se explaya con palos, baquetas, escobillas, manos,... y con una sonrisa esbozada que le crea una cara como de niño travieso, una ocupación que debió de ejercer en su día y que sigue profesando cuando juega con su batería.

	A diferencia de algunos grandes instrumentistas que se encuentra uno, para quienes la parte técnica del instrumento parece carecer de importancia, Lucas es un apasionado de los detalles. Las maderas, las medidas, los materiales y los ajustes resultan tremendamente importantes para un músico que -y en esto se parece más a algunos guitarristas- es también un entusiasta, casi un enamorado, del propio objeto físico con el que se expresa..

	Tal vez por este interés se dedicó durante un tiempo a entrevistar a colegas baterías y percusionistas para una publicación especializada. Y no sólo se trataba de un intercambio de experiencias o de palabras, porque siempre estaba presente en los artículos la configuración que utilizaba cada profesional. En el caso del propio Lucas, sus tambores se llaman Mapex y sus platos, Meinl. Aparte, emplea un cajón flamenco artesano, de nombre Ocaña. Al final, resulta difícil separar cuánto hay de esponsorización y cuánto de gusto por el sonido y la construcción, porque siendo como es el músico en cuestión nunca sacrificaría una porción significativa de estos últimos aspectos en función de un jugoso patrocinio.

	La sustancia la busca Lucas en muchas fuentes, que van desde el jazz y el flamenco hasta el blues y el rock. Pero dentro de toda la amalgama de estilos, patrones rítmicos, síncopas y redobles siempre hay un lugar especial para el funk y el rhythm and blues. Como todo músico tiene su corazón, este batería sitúa el suyo entre los golpes de caja más negroides, tal y como destaca el propio nombre de la banda que le acompaña en su primer CD, ‘The Funk Players Reunion’. Pero con la grabación ‘Theater of life’, en la que colaboran numerosos músicos, no termina ni mucho menos la trayectoria del señor Jiménez como líder y responsable último de un álbum. El siguiente ya está en marcha. Y, de verdad, promete.


 Natxo Artundo.................Octubre 2003
“EL CORREO”, Festival jazz Vitoria Gasteiz